Sobre el reduccionismo en psicología

Por Andrés García García (Universidad de Sevilla). Aparece primero en: García, A. (2012). Aprendizaje complejo.

Neurons-in-the-brain
Foto: Bryan Jones en Flickr (CC BY-NC-ND). 

Uno de los conceptos más importantes que manejamos en este libro es que la ciencia se divide en niveles de análisis, siendo uno de ellos el psicológico. Si este concepto se entiende adecuadamente, y además se conecta con otros también claves, el aprendizaje será mucho más efectivo.

Al separar niveles de análisis, lo que se hace es dar independencia en el avance de cada uno de ellos, considerando que lo más adecuado es situarse en el nivel que nos permite una mayor predicción y control sobre nuestro objeto de estudio. Los situados en niveles más básicos pueden añadir información a lo ya demostrado en otros niveles, pero no pueden refutar los hallazgos empíricos de dichos niveles. Es decir, si en nuestra ciencia, (la Psicología), realizamos un descubrimiento, (describimos, explicamos, predecimos y controlamos la conducta en función del ambiente), no necesitamos ni a nivel básico ni aplicado, supeditarnos a otros niveles de análisis para seguir avanzando. Por supuesto, y sobre esto volveremos, ello no implica la imposibilidad de trabajo interdisciplinar. Al trabajar en un grupo de carácter multidisciplinar, no se trata de que mi trabajo se parezca al de otro tipo de profesional, sino de que haga bien la parte que tengo encomendada.

Cuando la ciencia investiga diversos acontecimientos, no se encarga de analizar todos los elementos involucrados, (no sería ni factible ni útil), sino sólo los que son funcionalmente relevantes. Cuando se hace una campaña publicitaria no se estudia la vida de todos los individuos que se van a ver afectados por ella. Cuando se enseña a un niño a pedir las cosas “por favor”, no nos interesa saber qué neuronas están activándose en ese momento. Cuando se estudia el funcionamiento de un área cerebral, no analizamos la localización de cada electrón de cada átomo que la compone…

Cada ciencia desarrolla un conjunto de herramientas para abordar su objeto de estudio. Cierto es que hay algunas ciencias que cuentan por su historia, dificultad del objeto, etc, (las ciencias más moleculares como la física o la biología están más desarrolladas que las más molares como la psicología o la sociología), con herramientas muy potentes para su objeto de estudio, mientras que otras ciencias lo hacen con herramientas menos desarrolladas. No obstante, sería un error, (denominado Reduccionismo), tratar de utilizar las herramientas de un nivel de análisis para dar cuenta de un objeto de estudio propio de otro. De hecho, ¿encargaríamos a un químico que, con las herramientas propias de su ciencia, abordara el tema de las revueltas árabes? (Reduccionismo químico). O ¿analizaríamos el acto social de saludar dándonos la mano atendiendo a las micro-contracciones y extensiones musculares y al consumo de azúcar que se produce? (Reduccionismo fisiológico). Además, un problema añadido del reduccionismo es que no tiene porqué acabar en un determinado nivel, sino que podemos seguir “bajando”. ¿Por qué no tratar de explicar lo social o lo psicológico estudiando las moléculas involucradas (química) o las partículas subatómicas (física)?.

Para la adecuada comprensión de los diferentes fenómenos a los que nos enfrentamos, lo más adecuado es situarse en su nivel. Por ejemplo, ¿por qué se escandalizaría la gente si tiro por la ventana un cuadro pintado por Velázquez y no si hago lo propia con uno pintado por mis torpes manos?. A nivel físico, la caída describiría la misma trayectoria hasta el suelo, provocaría las mismas ondas sonoras, etc, pero está claro que el nivel físico no sería el más adecuado para explicar el fenómeno; en este caso habría que situarse, por ejemplo, en el nivel económico o patrimonial dentro de las ciencias sociales.

Con respecto a la división en niveles de análisis, las preguntas que nos debemos hacer al recibir una información que afecte a nuestra práctica es si dicha información ha sido obtenida de manera rigurosa mediante el método científico, y si es pertinente o no en nuestro nivel. Esto nos capacitaría para describir y explicar el fenómeno a estudio, pero, ¿Qué sucede con la predicción y el control?. El poder predecir y controlar nuestro objeto de estudio debería ser el factor principal que definiera el nivel de análisis más adecuado en cada caso. 

Empecemos por la predicción. No nos resultaría nada difícil realizar una predicción acertada sobre el tipo de película, (p.e. comedia romántica o intriga política), que irá a ver dentro de unos días nuestro amigo, a poco que conozcamos algo de su biografía, (ambiente ontogenético), y de la estimulación actual implicada en el suceso (irá con sus amigos, su pareja…). Dicha predicción será mucho menos aproximada si hacemos uso de las habituales herramientas del trabajo fisiológico.

Siguiendo con la predicción, pero ahora en un ambiente de laboratorio, es muy poco probable que un fisiólogo con sus técnicas pueda anticipar con acierto el tipo de conducta que hará una paloma en una caja de Skinner en la siguiente hora. Un psicólogo sólo tiene que saber el tipo de programa, (razón, intervalo, tasas, etc.), que se ha estado usando para poder hacer una predicción precisa de la conducta a desarrollar (análisis psicológico).

Y en el ámbito de la aplicación, (control, influencia sobre lo que hacen las personas), ¿Qué hacemos los psicólogos?. Normalmente, en los diferentes contextos en los que trabajamos, (colegios, cárceles, clínicas, empresas, clubes, ayuntamientos, etc.), lo que haremos será manejar variables ambientales: manejo de contingencias, entrenamiento en pautas educativas, moldeamiento de conducta verbal, mediación entre individuos, dinámicas de grupos… ¿Para qué, por tanto, esta sobre-formación fisiológica?. Para poco. De hecho, los profesionales de la psicología (García, 2012), que ya están ejerciendo como tales, se quejan de haber tenido una insuficiente formación en intervención-modificación del comportamiento y en cambio, haber tenido demasiada carga formativa en el campo de la biología. 

Quizás sea más necesario hacer esta distinción cuando el psicólogo realiza su labor en el ámbito bio-médico. Permítaseme aclarar, para evitar malentendidos, que dicho nivel de análisis es de los más desarrollados que existen en la ciencia en general, (la bio-medicina es una ciencia potentísima cuando se utiliza para trabajar con su objeto de estudio), que es uno de los saberes que más ha contribuido a mejorar la calidad de vida de la población y que cuenta con el que, en mi opinión, posiblemente sea el científico de mayor impacto de la historia: Charles Darwin. Dicho esto, si el psicólogo quiere aportar algo a los equipos multidisciplinares que trabajan en este campo, debe hacerlo desarrollando su trabajo propio y particular, y no el de otros; es decir, si a un paciente hay que realizarse alguna intervención cerebral, lo hará un neurocirujano; si necesita medicación, se encargará el farmacéutico; el anestesista hará su trabajo; el fisioterapeuta el suyo y el trabajador social es suyo. Cada uno tiene una formación intensiva en su materia, igual que el psicólogo debe de tenerla en la suya: ser capaz con sus herramientas de hacer un análisis funcional de la situación del paciente que facilite su diagnóstico y tratamiento a nivel psicológico. 

Como analistas de conducta nos enfrentamos a una cuestión relevante relacionada con lo dicho anteriormente. Si tanto a nivel de descripción y explicación, como de predicción y control, la aproximación de la fisiología no es la más adecuada para abordar los temas psicológicos, ¿por qué se produce esta huida de la psicología?, ¿por qué este reduccionismo bio-médico?. Sin ánimo de ser exhaustivos, trataremos de enumerar las causas y las consecuencias de esta situación.

Entre las causas, (los antecedentes, los porqués), hay que destacar las siguientes:

a)  Prestigio.No cabe duda de que en nuestra sociedad en general está más valorado el trabajo de un médico que el de un psicólogo (García, Gutiérrez, Gómez, Pérez y Freixa, 2006). En nuestro lenguaje diríamos que es una profesión más reforzada, por lo que no es de extrañar que tratemos de mimetizarnos con ella.

b)  Cientificidad. La valoración general que hacemos de la ciencia es positiva, y la imagen que tenemos de “lo científico” se ajusta mucho al modelo médico: bata blanca, microscopio, etc. En realidad lo científico es un método sujeto a unos presupuestos… pero la imagen es la imagen. La lógica es la siguiente: si queremos que nuestro trabajo sea respetado, (por científico), parezcámonos a ellos. En definitiva, hacer una psicología fisiologicista nos da apariencia de científicos, independientemente de que estemos llevando a cabo las mejores acciones para abordar un problema. Hablando metafóricamente, no busquemos las llaves donde haya más luz, sino donde probablemente se nos hayan perdido.

c)  Unificación. El mundo de la biología está mucho menos dividido que el de la psicología. No es fácil que en la formación de un biólogo se encuentren asignaturas que contradigan lo aprendido en otras. A poco que el lector tenga algo de experiencia en la formación de un psicólogo, verá que esta circunstancia ocurre a menudo en la carrera de psicología. Cuando a un alumno se le dan explicaciones parciales, cuando no excluyentes, en el campo de la psicología puede tomar varios caminos; Quizás el más aconsejable sería analizar cada una de ellas, (con lecturas, preguntas a los profesores, formación extra, etc.), para verificar la que parece más acertada y profundizar en ella. Pero la realidad es que el más fácil abandonar la polémica dialéctica, (“dejar que se peleen entre ellos”), y buscar refugio en otro tipo de explicación, (la reduccionista), en la que no se dan estas disputas.

d)  Comprensión del modelo. En nuestra cultura, el modelo explicativo de porqué hacemos las cosas ha estado desde hace siglos más ligado al modelo biologicista. Lo concepción básica es que hay “algo dentro de nosotros”, ya sea el alma, la mente o el cerebro, que hace que nos comportemos como lo hacemos. Cambiar esa metáfora explicativa centrando nuestro interés en el contexto en el que se desarrolla una persona como elemento clave a nivel psicológico, implica un esfuerzo intelectual de primer orden debido a que llevamos mucho entrenamiento previo en la otra dirección.

e)  Bombardeo mediático. Muy relacionado con las causas mencionadas anteriormente, destacamos en último lugar el hecho de que para los medios de comunicación tienen mucha más repercusión, entre otras cosas porque son líneas de trabajo mucho más subvencionadas, las noticias relacionadas con la puesta en marcha de algún medicamento, o algún descubrimiento en los que aparezcan palabras como “redes neuronales” o “cadenas de genes”. Por supuesto, esto influye en la población y por consiguiente también causa efecto sobre los estudiantes.

Sobre las consecuencias de esta tendencia destacaremos tres:
  1. La primera, y más importante, es que se está haciendo uso de una herramienta, (nivel de análisis), que no es la más adecuada para los temas psicológicos. Se queda sin abordar la interacción del individuo con su contexto. Decimos que alguien se aburre, aludiendo a sus niveles de dopamina, (poniéndolo como causa), sin conectar ese efecto a lo que en ese momento está haciendo el individuo (una tarea monótona, por ejemplo).
  2. Si nos empeñamos en tratar de realizar las tareas que ya realizan otros profesionales con formación específica, no pasaremos de ser profesionales de segunda. Sólo si hacemos bien nuestra labor, podremos ser psicólogos de primera.
  3. Si nosotros no sabemos hacer nuestro trabajo específico nadie sabrá hacerlo. Será una herramienta de la que la sociedad dejará de disponer para abordar sus problemas.
Por todo ello, lo que el lector encontrará en este libro no serán respuestas a “¿Qué hay en mi cabeza?”, sino a preguntas del tipo “¿En qué contexto se desarrolla mi cabeza y el organismo entero?”.


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