El árbol del Aprendizaje


 “Dadme orden y tiempo y os daré diseño”




La teoría de la evolución es considerada una de las ideas más brillantes jamás realizada. Este capotazo científico nunca ha dejado a nadie indiferente, desde su nacimiento en 1859 hasta la actualidad. Darwin consiguió romper la forma de pensar de gran parte de la humanidad, lo que se conoce como inversión del razonamiento. El ácido Universal termina por imponerse y pocas son las personas que se atreven o pueden aportar algo sustancialmente relevante a tal respecto. 


El primer día del resto de tu vida comenzó hace miles de años y aunque para un analista de la conducta prime la ontogenia, no podemos olvidar que somos una ciencia íntimamente relacionada con la Biología y por lo tanto el concepto de proceso evolutivo se merece una humilde reflexión que quizás pueda aportar conocimiento relevante para nuestro nivel de análisis.

Para algunos el comportamiento es la relación funcional entre el organismo y el ambiente (Freixa, 2004). Esta premisa nos permite entender qué puede determinar el comportamiento o cómo aprendemos. Para ello, el concepto de historia previa se hace indispensable: pues la causa, al menos teórica, de un comportamiento dado, se debe a la interacción entre la historia previa de un organismo y una situación dada. 

Etiquetar no es explicar y por lo tanto no podemos estar satisfechos con decir que existe un concepto llamado historia previa que puede determinar el comportamiento, pues podríamos incurrir en un razonamiento circular.

¿Por qué se comporta así? Porque tiene una historia previa concreta. ¿Y por qué tiene una historia previa concreta y no otra? Porque se comporta así, ¿o no lo ves?

Llega el momento de buscar nuevos clicks  e intentar ir más allá en las reflexiones que nos hacemos. Debemos explorar los confines conceptuales que la rama conductual nos ofrece, indagar en sus presupuestos e intentar que nuestra visión sobre el comportamiento sea total (Como defendía Marino Pérez en el primer Congreso SAVECC). 


El proceso evolutivo como un algoritmo.


Darwin seguía argumentando que si retrocedemos lo suficientemente lejos, nos encontraremos con que todas las ramas de todas las familias eventualmente nacen de comunes troncos ancestrales, así que hay un único árbol de la vida, con todas sus grandes ramificaciones, ramas y ramillas unidas mediante el denominado, en la teoría de la evolución, descenso con modificación” (Dennet, 1999, pág. 90).

Al parecer el descenso con modificación puede ser entendido como un algoritmo o como un conjunto de ellos que dan lugar al árbol de la vida. Existen múltiples complicaciones y referencias acerca de los algoritmos pero podemos entenderlos como un proceso que contiene tres componentes:

1
Sustrato de neutralidad

El poder del procedimiento se debe a su estructura lógica, y no a los poderes causales de los materiales utilizados en su realización. Todo programa de ordenador es un algoritmo y pueden ser ejecutado con extraordinaria fiabilidad (sea un circuito eléctrico, un cable de fibra de vidrio o con papel y lápiz).

2
Estupidez subyacente

Aunque el producto final pueda ser brillante, cada paso constituyente así como la transición entre ellos es absolutamente simple.

3
Garantía de resultado

Haga lo que haga un algoritmo, siempre lo hace si es ejecutado sin error.



Muchas veces he reflexionado hasta qué punto los conceptos de la Biología, en concreto de la teoría de la evolución, son aplicables al comportamiento desde la perspectiva del análisis de la conducta. Aunque mi conocimiento sobre ambas disciplinas es poco más que de aprendiz iniciado, creo que esta lógica es aplicable al concepto de historia previa o aprendizaje y de ahí el nombre de esta entrada: El árbol del aprendizaje.

Dadme orden, dice Darwin, y tiempo y os daré diseño. Permitidme comenzar con regularidad    -la mera regularidad de la física, sin propósito, sin inteligencia y sin objetivo- y os mostraré un proceso que eventualmente generará productos que exhiben no sólo precisamente regularidad sino un diseño con propósito” (Dennet, 1999, pág. 96).

¿No puede la cosa más importante de todas ser algo que surge de cosas no importantes? Las especies o el comportamiento, ¿no podrían estar sujetas a un proceso acumulativo de variaciones aleatorias y simples que se acumulan hasta dar un producto aparentemente complejo y con un trasfondo adaptativo? ¿No podría el árbol del aprendizaje ser un entramado de unidades de aprendizajes que dan lugar a una amplia gamas de comportamientos adaptativos, en el mismo sentido que las especies conforman el árbol de la vida? 

Ahora bien, aceptar esta posición tiene unas implicaciones importantes. Si coincidimos en que el aprendizaje sigue un proceso de acumulativo de unidades de aprendizajes simples a lo que llamamos historia previa ¿Necesitamos recurrir a ganchos celestes para explicar el aprendizaje?? (memoria, atención, conciencia, DUALISMO). Y además, ¿cómo las contingencias meramente físicas podrían determinar estos ganchos celestes (variables cognitivas, inobservables por definición)?      



Grúas y Ganchos Celestes.


Gancho celeste. Aeronáutica. Un invento imaginario para la fijación en el cielo; un medio imaginario de suspensión en el cielo (Oxford English Dictionary).

“Los ganchos celestes son teorías que consiguen explicarlo todo a base de conceptos esencialistas, metafísicos, no demostrables” (Arturo Goicoechea)

Deus ex machina (Gancho celeste): Se origina en el teatro griego y romano, cuando una grúa (machina) introduce una deidad (deus) proveniente de fuera del escenario para resolver una situación.

¡Que no te la den con queso! Los ganchos celestes son muy útiles nos permiten solucionar un problema en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, en el análisis de la conducta nos apoyamos en las grúas e intentamos por todos los medios las explicaciones sobrenaturales:

"Las grúas pueden hacer el trabajo de elevación que harían nuestros imaginarios ganchos celestes y lo harían de una manera honesta, sin hacerse de rogar. Sin embargo, son costosos. Deben ser diseñadas y construidas con las piezas disponibles y fijadas sobre una base firme en el terreno escogido. Los ganchos celestes son elevadores milagrosos, no soportados e insoportables. Las grúas no son menos excelentes que los elevadores y tienen la ventaja de ser reales”. (Dennet, 1999, pág 113).

En biología, por ejemplo, el sexo es considerado una grúa. Las especies que se reproducen sexualmente tienen la capacidad de moverse más rápidamente en el curso de la evolución en comparación con las que lo hacen asexualmente. En el análisis de la conducta también existen grúas y combinadas pueden dar lugar a lo que conocemos como aprendizaje.

“Una grúa es un subproceso (sexo, aislamiento geográfico, condicionamiento clásico/operante…) o una característica especial de un proceso de diseño que puede demostrarse (descenso con modificación) que permite la aceleración local del proceso básico y lento de la selección natural, y que igualmente puede demostrarse que es, por sí mismo, el producto predecible del proceso básico”. (Dennet 1999, pág 115).
La importancia de esta reflexión es doble. El aprendizaje al igual que la evolución de las especies sigue un proceso acumulativo de hechos simples y poco importantes que como conjunto los dotarían del aparente y complejo diseño que muestran. Aceptar que tanto uno como otro siguen un proceso algoritmo deja fuera toda posibilidad de intervención divina ya sea a Dios para la evolución de las especies o a cualquier tipo de Dualismo (sutil o descarado) para el aprendizaje.


El condicionamiento operante, así como los procesos básicos del aprendizaje, son las grúas que la evolución ha ido modelando a lo largo de los eones y que ahora son objeto de estudio del análisis de la conducta. La operante sigue una lógica evolutiva muy interesante: De la misma forma que las variaciones más o menos adaptativas pueden hacer más o menos probable la supervivencia de un individuo en unas condiciones dadas, determinadas consecuencias durante la ontogenia cambian y controlan la probabilidad de ocurrencia del comportamiento. Por tanto, la emisión de un comportamiento depende de si su emisión tiene consecuencias adaptativas o no.


HE AQUÍ UN EJEMPLO DE HISTORIA PREVIA.
                                                                             Luis Ignacio De Amores Cabello.

Referencias

Dennet, D. (1999). La peligrosa idea de Darwin. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

Freixa, E. (2004). ¿Qué es conducta? Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud. 3(3), 595-613

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